El White Space en la industria de reuniones: tiempo de calidad, bienestar y equilibrio

El White Space en la industria de reuniones: tiempo de calidad, bienestar y equilibrio

Autor:  Alisson Batres | CEO, Organización S.A. | Socia PCMA

La primera vez que escuché el término white space fue durante una plenaria de Convening Leaders. No recuerdo cada palabra de aquella conferencia, pero sí recuerdo ese concepto y cómo se quedó conmigo. Esas son las cosas que uno aprende en los eventos y se lleva para siempre: una idea, una conversación, una frase que, años después, continúa teniendo sentido.

Ese es también el verdadero valor de los eventos. Reunimos personas para aprender, compartir y crear conexiones, sin saber cuál de esos momentos podrá transformar la manera en que alguien piensa, trabaja o vive.

En diseño, white space es el espacio que deliberadamente dejamos vacío para permitir que los demás elementos respiren. No es espacio desperdiciado. Es lo que permite apreciar aquello que realmente importa.

Con los años comprendí que mi vida también necesitaba white space.

Organizar es parte de quien soy. Me gusta imaginar algo que todavía no existe y verlo cobrar vida. Entrar a un espacio vacío y visualizar lo que puede llegar a ser. Resolver problemas, conectar personas y cuidar esos pequeños detalles que muchas veces nadie nota, pero hacen una enorme diferencia.

Mi carrera consiste, en gran medida, en administrar el tiempo. Sabemos cuándo comienza una reunión, cuánto dura una conferencia, a qué hora sale un traslado y cuánto tiempo necesitamos para transformar un salón.

Vivimos un día a la vez, creando momentos para mañana y para otras personas.

Mi propia agenda no es diferente. Hay reuniones, llamadas, presupuestos, clientes, proveedores, viajes y montajes. A ello se suma algo que es parte importante de mi vida: organizar actividades de la familia, participar voluntariamente en actividades del colegio de mis hijas, de la sociedad, acompañarlas en sus proyectos y estar presente en momentos importantes para ellas, en sus sueños y metas.

No lo cambiaría. Amo organizar.

Pero cuando amamos lo que hacemos, es muy fácil llenar cada espacio disponible. Una reunión más. Un correo más. Una llamada antes de dormir. Algo que podemos adelantar durante el fin de semana.

Hasta comprender que una agenda completamente llena no necesariamente significa una vida plena.

En nuestra industria hablamos de bienestar y diseño consciente. Creamos pausas, espacios de networking y momentos para respirar entre actividades. ¿Por qué nos cuesta tanto diseñarlos para nosotros mismos?

Mi white space puede ser un día, unas horas o simplemente un momento en el que no estoy resolviendo algo para alguien. Puede ser estar con mis hijas, viajar por placer sin una agenda, compartir con amigos un great meal, conocer un restaurante nuevo, una nueva ciudad o tener una conversación que simplemente me haga reír.

Ese espacio también es salud mental.

Recibir el 2026 EIC Social Impact Award del Events Industry Council tiene para mí un significado muy especial. Más que detenerme a pensar en una trayectoria, me invita a reflexionar sobre el impacto que podemos generar a través de lo que hacemos y, especialmente, sobre las personas que encontramos en el camino.

Pienso en los eventos, los países, los desafíos y los aprendizajes, pero sobre todo pienso en quienes han compartido conmigo esta profesión: personas que comenzaron siendo colegas, clientes, proveedores o compañeros de industria y que, con el paso de los años, se convirtieron en amigos.

Después de tantos años tengo amigos en muchos países y en prácticamente todas las áreas de nuestra industria. Algunos comenzaron siendo colegas, clientes, proveedores o personas con quienes coincidí en una asociación, un congreso o un evento internacional.

Con los años dejamos de hablar únicamente de contratos, hoteles, destinos y próximos eventos. Comenzamos a hablar de nuestras vidas: de nuestros hijos, familias, sueños, preocupaciones y también de nuestros momentos difíciles. Nos hemos reencontrado año tras año en diferentes ciudades del mundo y aquellas conversaciones profesionales se transformaron en conversaciones personales. Muchos colegas se convirtieron en verdaderos amigos.

Ellos también son parte de mi white space.

Porque cuidar nuestra salud mental no significa únicamente aprender a estar solos o desconectarnos. También significa sentirnos acompañados. Tener personas con quienes reír después de un día complicado, compartir una preocupación, celebrar un logro o simplemente sentarnos a conversar sin agenda.

Nuestra industria tiene algo extraordinario: nos dedicamos profesionalmente a reunir personas y, en el camino, terminamos construyendo nuestra propia comunidad.

También he aprendido que descansar no debería ser algo que hacemos únicamente cuando estamos agotados. No necesitamos llegar al límite para permitirnos parar.

Desconectarnos no significa que nos importe menos nuestro trabajo. Tener tiempo para nosotros no nos hace menos comprometidos. Decir “hoy no” puede significar que mañana tendremos mucho más para dar.

En eventos entendemos perfectamente el concepto de capacidad. Sabemos que un salón tiene un aforo máximo. Sabemos que una agenda necesita tiempos de transición y jamás diseñaríamos un programa sin considerar alimentación, desplazamientos o descanso.

Sin embargo, muchas veces actuamos como si nuestra propia capacidad fuera ilimitada. No lo es. Nosotros también necesitamos pausas, transiciones y espacios vacíos.

Y debemos protegerlos con la misma seriedad con la que protegemos una reunión importante, porque siempre habrá algo pendiente: otro correo, otra propuesta, otro evento, otra llamada.

Nunca llegará ese momento mágico en el que absolutamente todo esté terminado y alguien nos diga: “Ahora sí, puedes dedicarte tiempo”. Ese momento debemos crearlo nosotros.

Para mí, equilibrio tampoco significa que cada día esté perfectamente balanceado. Nuestra profesión tiene temporadas intensas y hay eventos que inevitablemente ocupan casi todo nuestro tiempo.

El equilibrio significa saber regresar.

Regresar a nuestras familias, nuestros amigos y nosotros mismos. Volver a aquello que nos hace reír. Conversar, dormir, caminar, viajar, estar presentes o simplemente no hacer nada durante un rato sin sentir que debemos justificarlo.

Por eso este reconocimiento también representa gratitud. Por mi familia, por quienes trabajan conmigo, por quienes han confiado en mí y por tantos amigos alrededor del mundo que esta profesión puso en mi camino. Todos forman parte de mi historia y, de diferentes maneras, también han contribuido a que siga amando lo que hago.

Después de tantos años sigo creyendo profundamente en el poder de reunir personas. Amo mi profesión y seguramente siempre estaré pensando en el próximo evento, en la próxima experiencia o en cómo podemos hacer algo mejor.

Pero también aprendí que no quiero que mi agenda esté tan llena que no quede espacio para mi propia vida.

El white space no es el tiempo que sobra. Es el tiempo que decidimos reservar para respirar, reír, querer, compartir y simplemente ser.

Porque quizá uno de los eventos más importantes que debemos aprender a organizar es nuestra propia vida.

Y en esa agenda, el espacio en blanco también debe estar reservado.

Alisson Batres es CEO de Organización, S.A., empresa guatemalteca especializada en la planificación y organización de congresos, convenciones y eventos internacionales, con más de 26 años de trayectoria en la industria global de reuniones. En 2026 recibió el EIC Social Impact Award 2026, uno de los máximos reconocimientos mundiales de la industria de reuniones y eventos. Bajo su dirección, Organización, S.A. ejecutó los dos únicos eventos certificados en sostenibilidad por el Events Industry Council realizados en América Latina. Su trayectoria ha contribuido al fortalecimiento de la industria de reuniones en América Latina a través de organizaciones como COCAL, PCMA y el Events Industry Council.